Departamento de Música Antigua del Conservatorio Superior de Música de Aragón

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Soñando a 415Hz…

In Los alumnos hablan... de nosotros on 6 enero, 2011 at 00:00

CARTA ABIERTA

Aún recuerdo con todo detalle la primera clase que tuve con Silvia Márquez, allá por Septiembre de 2008, tocando con mis queridísimas Nuska, Ale y Vanessa bajo el nombre de “Alevosía”, unas canciones de Marini. Sin comerlo ni beberlo, había sido picado por el mosquito de la fiebre barroca.

Un arsenal de consejos totalmente nuevos para mí y mi violoncello (¡Antonio!) diluviaba sobre nosotros cada semana. Frases desconocidas para mí como -¡Más cortas!- o -¡Aire!- se añadían a las archiconocidas y machacadas por la enseñanza exclusivamente “romantizante” que solemos recibir todos hoy día (-Así planchaba, así, así…- o -¡Pegado a la cuerda!-). Se introducían de esta forma en mi modo de tocar nuevos recursos, para así entender la música de una forma que ahora considero más rigurosa, completa y bella. Además, me estaba convirtiendo en el amo del mundo: ¡ERA EL CONTINUO!

Dicho lo cual, comenzó un maravilloso 4º Curso de Grado Superior en el que pude participar activamente en el Departamento de Música Antigua del CSMA. Esos meses me reportaron experiencias musicales inigualables, a la par que era consciente de que la ilusión que mis compañeros y yo teníamos enriquecía al Departamento haciéndolo interesante para los “pollos” primerizos y dando motivos para que las profesoras planearan cada vez proyectos más interesantes y ambiciosos y así dar a conocer “la otra música”. Como colofón de curso académico, un concierto alucinante en el Palacio de Sástago, donde todos los chavales de la clase tomaron parte.

No con poca pena dejé el conservatorio en Junio de 2009 ya con el título superior en mis manos, consciente de que había abierto una puerta que tenía todo un mundo nuevo por descubrir tras de sí y el cual, a día de hoy, considero indispensable conocer para ser un músico completo (lo mismo pienso en lo que se refiere a la música contemporánea). Pero quiso el destino que aún pudiese disfrutar un año más de la protección y compañía de la Pilarica… ¡y mis amigos de verdad!

Y no con poca actividad: seguí “soñando a 415” con Nuskling y el Conde de Barcelos en el grupo de ascendencia alemana “Kalimerafandangretrosnail” y además retomé el de nombre “Aún no definido” (¡a mí este me convence, chicos!) con mis niños Ángel, Alba, María y la Lore. Ambos inmiscuidos en conciertos y audiciones que el Departamento organizaba para a dar a conocer la “caña barroca”. Además, “Alevosía” añadía a sus filas a Gorkota, un musicazo (y una PERSONA) de sensibilidad extraordinaria.

Esta prolongación de un año de Academia de Música Antigua para servidor, que les teclea, desmintió aquello de “Segundas partes nunca fueron buenas…”. Ya lo creo que no: más y más audiciones, clases magistrales para los chicos, conciertos de los maestros, homenaje a Cabezón, intensivo de conciertos barrocos para solistas… algo impensable un año atrás. Y por supuesto mis compañeros y yo, aprendiendo a raudales.

Con estas palabras pastelosas (los que me conocen saben que, por suerte o por desgracia, mi jerga, especialmente la escrita, es siempre así) quiero instar a todos los que tengan una mínima curiosidad por la música antigua (y los que no, también) a que se acerquen a una clase de cámara de la Academia, sea con Silvia, Saskia o Anna, y así “caigan” enfermos de la fiebre barroca como lo hice yo en su día. Y por qué no, como le pasó a mi amiga Salinas, no ser sólo infectada, sino gravemente afectada y pasarse al lado oscuro por completo (convirtiéndose así en “Salinaej”).

Sin más, un profundo abrazo a todos los miembros de la Academia.

Gracias por ser parte de mi música.

JUANJO DÍEZ